Punto en boca

martes, 30 de octubre de 2007

No estaba muerto que estaba de parranda


Dice la leyenda popular -por tanto no es mia- que en la Iglesia de San José, en el Metro Banco de España, calle Alcalá, una noche de carnaval del siglo XIX (algunos la situan por el 1830 y algo)sucedió algo insólito. En una casa noble, un embajador, unos dicen que inglés otros que alemán, se aburría y pasaba la noche, hasta que entre todos los invitados y las máscaras vio a una mujer, de belleza extrema, de piel blanca y fina cual porcelana, de pelo oscuro como una noche de invierno, sentada sola.

El embajador decidido a hablar con ella, cambio sus planes de retirada puesto que era tarde para la época (las 8 de la noche), pero lo de ataque y se acercó a hablar con tan bello ser. Ella parecía aburrida y se alegró de manera melancólica cuando vio al apuesto joven decidido a entablar conversacion con ella. La diferencia de lenguas dificulto la comunicación y se hablaban medio en signos medio en palabras, puesto que la muchacha parecía hablar un poco el idioma del joven embajador. Bailaron, charlaron, rieron, las muestras de interés mutuo eran más que evidentes... Hasta que la fiesta terminó y el joven y apuesto muchacho decidió acompañar a su bella amiga hasta su hogar.

Ella le dijo que no iba a su casa, iba a la Iglesia de San José, y le pidió si era tan amable de acompañarla. El chico no se lo pensó dos veces y aceptó la escolta encantado, hasta que llegaron al número 41 de la calle Alacalá, la Iglesia. La muchacha se mostró nerviosa, esquiva, su rostro mostraba nerviosismo y palidecia por segundos y su voz se mostraba ronca y apensa audible. Ella trató de despedirse de manera breve, pero el joven quería saber si existía la posibilidad de que se reencontraran otro día. Ella negó secamente explicando que al día siguiente su funeral se celebraría. El muchacho no entendió el signficado de las palabras.

Ella le besó tiernamente en la mejilla, momento en el que la frialdad de la piel de ella le produjo un escalofrío de temor al acompañante masculino.

El joven embajador se fue muy triste, pensó que ella no lo pasó tan bien como él esperaba, que la habia malinterpretado, que solo pretendia ser amable, pero era tan bella, sus gestos... tenía que volver a verla! Así que ni corto ni perezoso se decidió a volver a la Iglesia bien prontito a la mañana siguiente.

Su intención era hablar con el párroco, seguro que era pariente suyo, o que servía alguna dama de la nobleza, alguien tenia que conocerla en la Iglesia, se quedó allí a dormir.

Cuando entró estaba celebrandose el velatorio de alguien, la gente lloraba muy apenada y junto al joven pasó una muchacha desconsolada que se lamentaba de la juventud de la muerta, preguntándose porque siendo tan joven tenía que morir. El embajador, con mucha educación, preguntó a la joven quién se había muerto. La mujer le dijo que se había muerto su prima y mejor amiga y le dió el nombre de la dama. Su nombre coincidía con el de su enamorada... ahora recordó su palabras, dijo que hoy era su funeral.

El joven con sumo respeto se acercó al ataud, de cuerpo presente, y vió el rostro del cadaver, esperando que fuese una broma, y allí, con su belleza etérea y su pelo negro y su piel nívea yacía su amor, con su rostro melancólico. Casi parecía estar durmiendo.

El joven cerca del desmayo fue cogido por otros hombres, que le ayudaron a salir y tomar el aire, sentado en los escalones de la Iglesia. Al rato, una muchacha, la misma que le habia hablado antes, se acercó. Le agradeció su visita. "No sé si sabreis que mi prima os había visto y estaba muy enamorada de vos, aunque supongo que es un atrevimiento deciros esto. No sabía que la conocieseis, ¿cuando la conocisteis?"

"Ayer, a las 8 de la noche en un baile de alta sociedad"

"Señor, mi prima murió ayer a las 8 de la noches, es imposible que fuese ella".

Que tengais un feliz Halloween

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