
Tras un largo camino, el grupo de guerreros entraron el la casa de la bruja hechicera elfa Grird, era una casita resguardada entre unas rocas y unos arboles no muy altos, unas cuantas higueras y un roble, debe ser para sus baritas magicas.
El lugar, a pesar de ser rocoso, tenia aspecto de apacible, en las rocas crecia el musgo y flores blancas que simulaban a perfumadas campanillas.
La casa era de madera y tenia bien techado el tejado, del que salía una hilerita de humo grisaceo, alguien estaba en la choza.
Los hombres, con paso discreto, pero decidido llamaron a la puerta. Una mujer de piel verduzca con cabellos negros y joven presencia abrió la puerta.
-Buscamos a la hechicera Grird,venimos de lejanas tierras y buscamos donde pasar la noche, decilde que hemos llegado, joven muchacha, puesto que nos espera.
-Joven humano, yo soy Gridr, la hechicera, pasad a mi cabaña, puesto que el sol se pone y pronto la temperatura cambiará en vuestra contra.
La cabaña, era pequeña pero acogedora, tenia una enorme perola en el fuego y otra más pequeña a su lado, cerca de la lumbre. En la mesa habia mesa para 5, los viajeros y la mujer, no sabían como podía haber sabido cuantos eran, pero alli estaban.
-Por favor, dejad vuestras armas arriba, encontrareis una palangana con agua tibia para refresacaros del viaje y que odais cenar sin dilación, puesto que estareis cansados.
El enano, como arduo guerrero, desconfió de la buena voluntad de la joven bruja, sin embargo, ella le guiñó un ojo y el se sonrojó.
El guerrero subió arriba cogiendo un candil que estaba cerca de la escalera, pudo encontrar una habitacion con heno amontonado perfectamente, mantas dobladas y un gran aroma a romero. La palangana se diponia en una mesa pequeña, con una pequeña toalla. El agua parecía perfumada con jazmines y la sensación sobre la piel era muy agradable. Las ventanitas reflejaban que la hechicera no mentia, la luz empezaba a desaparecer y el viento empezaba a soplar con ferocidad.
Tras el guerrero, el bardo ladron y el enano subieron a disfrutar de una pequeña limpieza mientras que el mago esperaba curiosenado en los botes y estantes de la hechicera.
-Buscais algo?
-Oh, perdonad, la fuerza de la costumbre, curioseo demasiado verdad? Perdonad mi indiscreccion.
-Todos los magos deberías reuniros para disfrutar del poder que emana de vosotros y aprender del compañero, los hechiceros no tenemos ese poder y el compartir no nos importa. Dejadme que como buena voluntad os entregue una varilla nueva de mi higuera. Os protegerá.
-Una burda higuera?
-Sabed que nunca caen rayos sobre lechuzas ni sobre higueras, señor. Respetad ese su poder.
El mago miró la varilla, estaba perfectamente tallada y sobre ella se circunscribía una oración contra bolas electricas.
El mago se disculpó y subió a asearse.
El ladron bajó con intención, como no, de poner en practica su plan: llevarse algo de la casa de la hechicera. Ella le miró a los ojos. El oyo en su cabeza "si coges algo que no es tuyo me quedo con tu corazon".
Decidio bajar el resto de la comitiva, y el joven ladron miraba a la elfa que comia su asado. Ella, ante la incesante mirada, le miró y el se volvió a su plato. Ninguno de los comensales prestó atención a este hecho, pusto que la hechicera preguntó por su viaje, por las tierras que habian visitado, sus lugares de procedencia y costumbres. Y los hombres la preguntaron a ella por sus origenes y por sus actividades.
Tras una sobremesa tranquila con tabaco de pipa y vino, decidieron recogerse, los hombres subieron a dormir arriba y la hechicera se quedo abajo en sus aposentos.
El ladron no pudo dormir, y no por los ronquidos del enano, sino por la mirada de la mujer.
A la mañana siguiente bajó el primero y se sentó delante de la hechicera.
Ella abrió los ojos al verle sentado ahí, se desperezó con parsimonia.
-Damelo.
Ella le miró un tanto extrañada.
-No te he quitado nada, dámelo, pronto me ire, dámelo.
Ella sonrio, se levantó, estaba cubierta con una toga de lino. Cogió un echarpe y lo echo sobre los hombros, le besó al frente y le dijo.
-Yo no te lo quité, tu me lo diste. Más tienes la libertad de coger y llevarte tu corazón cuando te plazca y donde te plazca.
La comitiva desperto al rato, desayunaron con fuerza y prosiguieron su viaje. El ladrón se llevó una campanula de la casa de la hechicera: ojo por ojo.
http://www.youtube.com/watch?v=u_tORtmKIjE


