Punto en boca

martes, 15 de julio de 2008

Girlfriend


Me levanto con el terrible sonido de una campanilla histérica de despertador viejuno... Me ha costado conciliar el sueño, por el cambio de cama, más que nada.


A pesar de que el señor Bigotes no tenía un aliento con fresco aroma a menta recién cortada, prefiero su aspera lengua en mi nariz a este sonido irritante. Pero tendré que acostumbrarme.


Como me he acostumbrado a darme duchas cortas, porque Harrison me avisó de la antigüedad y precariedad del calentador (de los primeros que salieron!), a desayunar té earl grey y no café, a leer el periódico en inglés y no en español (cosa que es terrible, porque los periodicos británicos tienen menos páginas, pero su tamaño de hoja es más grande, así que se impone un ejercicio de papiroflexia para poder leerlos taza en mano) y a las temperaturas frías y como encender una chimenea sin parecer a Dick Van Dike saliendo por la chimenea como en Mary Poppins.


Una vez hechos mis que haceres, me asomo, todo huele fresco, a madera quemada y a lluvia, el cielo, sigue plomizo, pero es un día muy luminoso a pesar de todo, cuando miro a la derecha de la puerta veo a una ancianita arrugadita, con una trenca azul eléctrico, muy delgada y muy arrugada. Está sentada en el banco de piedra. No parece preocupada, ni pensativa, solo contemplativa.


-Buenos días señora, puedo ayudarla.


-Sí, venía a verla doctora, como tenía la puerta cerrada pensé que no estaba lista aún y decidí esperar sin molestar.


-Pase por favor, tenía que haber llamado.


La subí a la consulta, la abuela subía las escaleras con absoluta normalidad y naturalidad, la costaba menos que a mi incluso. Una vez dentro la pedí que se quitase la trenca, y llevaba un jersey negro de cuello vuelto, y una falda negra que evidenciaban su delgadez.


Me puse la bata y me senté en mi sitio. Sujetaba su bolso y su trenca encima de las rodillas en una postura encogida. Como si ocupase mucho sitio y pretendiese dejar sitio libre.


-Usted me dirá.


-Tengo 87 años.


La miré, ella se quedó en silencio como si esperase una respuesta.


-Nadie lo diría.


-Ese es el problema, que no tengo nada.


-Perdón?


-No me duelen las piernas casi, ni los huesos, no tengo artrosis, ni artritis, ni problemas de catarros que terminan en pulmonias, no tengo problemas de corazón, mi cadera está perfecta y mi mente lúcida, puedo hacer de todo.


-No la sigo.


-No es normal que esté tan bien!


Vaya, es la primera vez que veo a alguien que la falta de síntomas le resulta un síntoma.


-Si ve a mis vecinas, todas hechas un asco, yo todos los días desayuno apio y queso de cabra con unas tostadas y té, no bebo ni fumo, ando, estoy divina, pero es que tengo 87 años, lo mismo tengo algo que no se ve, porque no es normal.


En cierto modo, tenía razón.


-Quiere que la haga una exploración? Así lo mismo se queda tranquila.


-Yo estoy tranquila-dijo. Y es verdad, a pesar de su voz aguda como la de un cachorro de gato, estaba muy serena.


-Ya, pero por quedarme yo tranquila.


-Bueno, si insiste.


Se quitó el jerseyy llevaba una camiseta de algodón debajo, se sentó en la camilla. La medí la tensión y la miré con el estetoscopio. No habia ruidos, ni soplos, ni tenía los ojos amarillos y todo se manifestaba con normalidad, nada hacia sospechar de una enfermedad.


-La sacaré un poco de sangre, asi veremos si hay alguna hormona mal o algo que nos haga sospechar que algo no va bien.


Llené un par de tubos y los metí a la nevera. Luego solo tenía que ir a la gasolinera a las 11, alguien recogería las pruebas.


- Tranquila, en unos dias tendremos respuesta.


-No cree que a lo mejor es que el señor me depara algo importante por hacer?


-Es posible.


Vi curarse un cáncer en mis años de practica casi por arte de magia, soy cientifica, pero algo nos supera, de eso estoy segura.


-Quizá sea eso. De todos modos- dijo vistiendose- ha sido usted muy amable, calienta el estetoscopio antes de ponerlo sobre la piel, eso no lo hacen muchos médicos.


Una manía, pero la mayoría no reparaban en ello. Odiaba la sensación fría del metal en la piel cuando hace tanto frío, me recordaba a mi médico...


La mujer salió tan pimpante, yo mientras revisé libros y´me construí con un poco de madera, unos cordeles y unas chinchetas un cartel de abierto o cerrado. Tras un rato, fuí a llevar las muestras en uan enverita pequeña que me agencié en la gasolinera. Y al volver a pie (porque tampoco tenía prisa), vi a un montón de mujeres asomadas por las ventanas de la casa de Judith, me pareció muy indiscreto, no respetaban nada.


Se abria la veda. Seme quedaron mirando ante mi mirada inquisidora. Yo entré en la casa con tranquilidad, pero con mala cara, se me quedaron mirando como disimulando.


Yo entré en la casa. Al abrir vi a un hombre sentado en el sofá leyendo libros de medicina. Al oir la puerta se puso de pie, era un hombre de casi 2 metros, alto, castaño claro, de piel clara y ojos verde grisaceo, con una barba ligeramente pelirroja perfectamente recortada. Llevaba unos vaqueros, una camiseta blanca, una chaqueta de piel negra en plan motero y unas botas de cowboy. A su lado habia dos enormes maletas con rueditas.


-Eres la nueva doctora? Soy Gary el hermano de Judith.


Su voz era grave, pero agradable y sensual, acompañada de una sonrisa perfectísima. Cuando dijo esto alargó la mano para estrechar la mía, su mano era grande y fuerte... y yo empecé a sentirme ligeramente idiota, como solo los tíos muy muy guapos pueden hacerte sentir. De hecho me planteé porquelas mujeres le buscaban, solo conseguirían sentirse imbéciles a su lado... pero bueno, hay gente muy masoca.


-Fuera te buscan.


-Antes, cuando no había médicos me ocultaba aqui, hasta que Judith llegaba. Pensé que quizá no te importaría que esperase aqui. Quiero que sea la primera del pueblo a la que saludase.


-Tarde, ya me has saludado.


-Pero tu no eres de aqui.


-Gracias por el recibimiento... Tranquilo, las mujeres de este pueblo se han emperrado en que no lo olvide, no tienes porqué hacer hincapié en el tema.


Se quedó muy parado, como si hubiese dicho algo hostil.


-Una taza de té?

http://www.youtube.com/watch?v=VQ1a8_sUNNA

2 comentarios:

amor y libertad dijo...

helen, está bien tu historia, ¿sabes que la oms define al enfermo más o menos como el que se sienta delante de un médico? yo la verdad evito ir todo lo que puedo, no sea que algo que hasta entonces no existía empiece a hacerlo al contármelo el médico

¿sabes poner vídeos? me ha llamado la atención que pongas el link de youtube en vez del mismo clip aquí, si quieres te digo cómo se hace

un abrazo

santiago

tita hellen dijo...

En mi familia hay 2 médicos y varios enfermeros, yo iba para eso,hasta que me di cuenta de que eso de que la gente se muera no lo llevo muy bien... eso y que la selectividad es un asco a qué engañarnos XDDD

Los médicos son de ir poco al médico y sus familiares más, aqui estoy que llevo un año y pico mal del estómago y no voy ni a rastras XDD.

Un enfermo (en definiciones serias de la OMS) no es solo el que carece de salud, es un cumulo de cosas,muchas veces, el ánimo es lo que más predispone a ir al médico.

Intenté poner videos pero la pagina va lentísima y no todo el mundo quiere verlos, asi los linko, ocupan menos y es optativo escuchar lo que me inspira al escribir, de todos modos gracias!

A seguir bien!!