Punto en boca

martes, 1 de julio de 2008

Sunshine superman


Tras un reconfortante café y unas tostadas secas con mantequilla, Judith me dejó la casa a su cargo mientras llevaba a las niñas a la guardería. Yo me pondría manos a la obra con las herramientas de su cachalote.

La casa por fuera no era distinta a las demás, asi que puse la linterna en funcionamiento y decidí ver la casa al completo. Arriba habia varias habitaciones, una grande de matrimonio, descorri las cortinas y dejé entrar la luz plomiza de la mañana, no podía entrar más polvo, asi que no tenía sentido ninguno que tuviese las cortinas cerradas a la luz y las ventanas cerradas a cal y canto.

Otra de las habitaciones parecía como de invitados. Sería una suerte si alguien quería dormir en la mansión de los primos escoceses de los Monster, pero no me desanimaba. Había un baño con una maravillosa bañera de algo que parecía cerámica. Se podría reciclar con un poco de esmalte y un limpiametales. Y luego habia otra habitación, adecuada como un despacho consulta, con muchos libros de lectura, pero también de medicina. Algunos desfasados, pero muy gráficos con fotos de reacciones alérgicas como la que sufríría allí sino ponía orden inmediato. Y vitrinas con instrumental y una olla de presión para esterilizar... hacía eones que no veía una de esas!

Los medicamentos estaban todos caducados, había remedios herbales en algunos botes, pero habrían criado ya versiones psicodélicas de la penicilina (vivan los medicamentos lisérgicos!) y luego había una camilla de piel negra, cubierta con una sabana. Parecía como si el que se fue dejase todo preparado para el que viniese...

No estaba para practicar operaciones, pero pensé que si limpiaba bien los azulejos de las paredes, el suelo, quitaba los polvorientos libros para otras habitaciones y reorganizaba algo, podría imporvisar un quirófano algo precario, pero mejor eso que nada si se precisaba. Tenía que hacer de ese sitio un referente en la comunidad y ganarme el nombre en el pueblo.

Bajo las escalera habia un armario escobero, no habia productos de limpieza, pero si una escoba de madera y una mopa... chasquee la lengua, me tocaría hacer inventario, así que cerré la puerta que chirriaba como un demonio y fui en busca de una tienda. En frente estaba Barbara... Iba a preguntarla, cuando se dió cuenta y se escondió. Vale!

Fui a la gasolinera. Allí seguía la mujer, con su pelo algodonoso y su blusa azul cielo.

-Buenos días.

La mujer volvió a sonreir de manera falsa.

-Busco cosas de limpieza, como una escoba, una fregona, limpiadores, lejía y amoniaco. Tiene usted algo de eso?

Asintió con la cabeza de manera fría y cogió un carrito: Tras andar por un pasillo lleno de revistas y comertibles, llegamos a una esquina y dejando atrás las bebidas gaseosas llegamos a la sección de limpieza .

-Esto buscas?

-Si, parece que es esto, muchas gracias señora...

-Bellamy, Wanda Bellamy

-Muchas gracias señora...

Y la mujer con paso energico se fue de nuevo a sentarse tras la caja registradora, en su pedestal de color rojo.

-No se merecen...

En fin, hoy no parecía un dia en que las cosas fueran a ir bien. Así que fui a limpiar ese cuchitril con cera, limpiador de madera, lejia, amoniaco y cualquier cosa que matase bacterias, a la espera de que Harrison quisiera desafiar a su madre y venir a ayudarme con los plomos y sacarme de la era del pedernal y la piedra pomez.

Tras llenar el carrito, decidí comprar algo de comer, así que comida fácil, como menestra congelada, sandwiches y refrescos. Como médico quizá no sea un gran ejemplo, pero bueno, está todo dificil hoy.

En la caja, la señora Bellamy pasó los productos y me dió una cifra desorbitada de total. Pagué sin rechistar, aunque en fin, me parecía bastante abusivo, pero no podía ponerme ahora en plan pesetero.

La di de nuevo las gracias y la desee un buen día, mientras no se movía ni un ápice para ayudarme con las bolsas que llevaba (eso, no te eslomes y necesites un médico bonita...).

Cuando llegué a casa-madre mía, llegar a casa- no pude evitar dejar las bolsas en el suelo y ver la casa en su conjunto... solo esperaba que nadie se pusiese pocho en unmes, porque no podría sanarle en semejante lugar sin que pillase legionela o algo peor.

Aún pensé que no podía rendirme, asi que empecé a sacar cosas de la casa y a limpiar cosas fáciles para animarme, como a fregar intensamente para que no subiera el polvo por los muebles... busqué en mi botiquin y me puse una mascarilla, solo porque no me diera rinitis (los médicos somos un poco ñoños), el suelo tenía un color oscuro bonito tras tanta mierda.

Eso me animó, con cera quedaría precioso.

http://www.youtube.com/watch?v=8plBdBVzINg

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