Punto en boca

martes, 17 de marzo de 2009

Good Vibrations


Donde está tu hogar?

No, no pregunto donde vives, ni donde está el sitio donde pones tu cama, sino, como rezaba la canción, dónde pones tu sombrero para considerarlo tu hogar?

Volví a Madrid.

Comprendo que el salto en la historia es enoooorme, pero no lo he superado, he dejado una casa fenomenal, un lugar fenomenal, una gente fenomenal... no hay dia que Judith no me escriba al mail y que yo me alegre de conocerla, no hay día que no piense en mis cielos nublados y mis verdes vistas mientras camino por el metro intentando buscar en Madrid cosas que me recuerden al gris mary poppins de Edimburgo, no hay dia que mi nariz busque el olor a lluvia en tierras de secano...

Estoy amargada, mis familia no, pero tampoco quiero echarle las cosas en cara. Estoy trabajando en una clínica de gente bien, en el barrio de Salamanca, con miniproblemas, con modales altivos que no paran de preguntarme si estoy casada, porque una doctora es una doctora... ains... A veces hago visitas, por aquello de la sanidad privada y tal, pero mi vida es una consulta frente a una tienda de ropa de marca, decorada en un color crema pastelera con un monton de plantas (me he vuelto una compulsiva de lo verde) y he llenado todo con las fotos de mi estancia en Escocia.

Por vuestro bien que no coja un avión que no vuelvo en la vida. Los días en la clínica resultaban tranquilos y cómodos, y daban mucho tiempo para pensar y recordar y sumirme en un mono tremendo reminiscente.

La despedida fue terrible, todo el pueblo vino a despedirse y a abrazarme (excepto la burra mostrenca de la gasolinera, pero a quién le importa), me rompió el corazón despedirme de mis abuelas de gimnasia, de Doward, que no hablaba, pero las lagrimas le resbalaban en sus enormes carrillos rosados, Harrison y su chica, Barbara, las niñas de Judith que estaban tristes, me preguntaron si volvería y yo dije que procuraría hacerlo... Mc Phee... nunca he hecho cosa más dificil que conducir, devolver el coche, y subirme a aquel avión, nunca... recuerdo que cuando subí, me puse las gafas y las lagrimas brotaron incesantes, incontrables, vivas, sin hacer ruido...

- Doctora tiene una visita en un hotel, quiere realizarla hoy o prefiere que la delegue a otro médico.

-La hago yo, porque como esté en este despacho en media hora estaré chutándome algo.

La enfermera y la secretaria que tenía eran niñas bien del barrio y no entendían porque era tan negativa, siniestra y taciturna, pero tampoco buscaba comprensión de Nancy y su amiga Chavel.

-Aqui tiene la dirección.

-Bien.

La secretaria me miraba con una enorme sonrisa en la cara.

-Tiene suerte, es un gran actor...

-Un gran actor?

-Ashton Kutcher... no sabe quien es?

No, pero sé quien es Silvestre Stallone y el labio se me irguió igual que lo hace él, con cierta postura de asquete.

-El marido de Demi Moore... la de Ghost... un chico jovencito muy guapo...

Mi labio volvió a su sitio.

-Mmmm vale, le pediré un autografo para ti, vale?

-De verdad hará eso por mi? Muchas gracias!

Dios, si no van a pasar el pavo pronto, que me disparen por favor.

Cogí el metro hasta el Ritz, por fin tenía algo diferente que hacer, siempre quise entrar en el centro, pero nunca había tenido la excusa para entrar... y da gracias que me habia puesto unas bailarinas, que sino, hasta entro con zapas al hotel.

El portero, debidamente vestido me cortó la entrada.

-Buenos días señorita, la puedo ayudar?

-Sí, mire vengo del seguro, soy doctora, me envían para la habitación 242.

Le mostré mi documentación y la tarjeta identificativa de la empresa.

- Pasado el vestibulo, encontrará dos ascensores, coja el de la derecha.

-Muy amable.

Debí coger la cámara... aquello era una maravilla de los dioses.

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